Durante el entore, ¿podemos hacer algo en la búsqueda de obtener más terneros?
Dr. Germán José Alvarez Peña
Plan Agropecuario
El monitoreo que se pueda realizar durante el transcurso de la temporada de servicios es de suma importancia para evaluar, entre otras cosas, el desempeño reproductivo tanto de los toros como de las hembras, y para poder tomar medidas a tiempo en caso de detectar alguna falla o señal de alerta. A continuación, se abordan de manera general algunos aspectos relevantes a considerar en una etapa crucial para los sistemas ganaderos de cría, como lo es el entore.
¿Es necesario monitorear el entore?
La respuesta al planteo del título es claramente afirmativa. En primer lugar, reafirmamos el concepto de que la revisación y evaluación de los toros, al menos 60 días antes del inicio de la época de entore, constituye una práctica fundamental, de bajo costo y con un potencial alto impacto económico. La no aptitud reproductiva de un toro puede incidir de manera considerable en el porcentaje futuro de preñez, traduciéndose en un número significativamente menor de terneros en la próxima parición. Como suele decirse: “Si es una vaca la que falla, es un ternero menos; si es un toro el que falla, pueden ser entre 30 y 50 terneros menos”.

De la misma forma, y bajo este mismo concepto, cualquier toro o vaca que se pueda detectar con algún problema durante el transcurso del entore, y cuya situación sea posible corregir a tiempo, permitirá que el resultado global de la preñez no se vea afectado, o lo haga en muy baja magnitud. En definitiva, los celos que no logran ser cubiertos se traducen en menos kilos de ternero al destete.
La monta natural y el rol del toro
Claramente, los servicios mediante monta natural continúan siendo la forma más utilizada por los productores en los rodeos de cría. Si bien la inseminación artificial ha avanzado, especialmente a través de tratamientos o protocolos de sincronización, en la mayoría de los establecimientos la presencia del toro sigue siendo indispensable. Los toros son necesarios tanto para los repasos posteriores a la inseminación como para aquellas categorías del rodeo que no ingresan en los protocolos. En particular, los toros utilizados para repasar hembras sincronizadas deben contar con aptitud reproductiva comprobada en todo momento, además de ajustarse adecuadamente el porcentaje de toros necesarios, dado que los celos posteriores a la inseminación suelen presentarse de forma relativamente concentrada.
Monitorear de cerca y con frecuencia el trabajo de los toros permite, entre otras cosas, identificar rápidamente animales lesionados o que no estén trabajando adecuadamente, y sustituirlos a tiempo. Asimismo, posibilita seguir la evolución del estado corporal, que en algunos individuos puede deteriorarse rápidamente debido al intenso esfuerzo que implica el servicio. También ayuda a detectar problemas de interacción social, como conductas de dominancia de algunos animales que impiden el desempeño correcto de otros reproductores.
El desempeño reproductivo de un toro durante la época de servicios puede verse afectado por diversos factores, además del estado corporal y la dominancia. La edad de los toros y el porcentaje utilizado en el rodeo también pueden influir de manera significativa.
Generalmente, se desaconseja el uso de toros jóvenes sin experiencia en rodeos de vaquillonas, ya que la falta de aprendizaje y el comportamiento propio de estas hembras pueden predisponer a una mayor ocurrencia de accidentes y lesiones.
En cuanto al porcentaje de machos, en general se utilizan entre 3 y 4 toros cada 100 vacas (3–4%). No obstante, dependiendo de las características del potrero y del manejo, con animales de alta capacidad de servicio es posible trabajar con proporciones menores, como un toro cada 50 o incluso 60 vacas.
Observación del rodeo y detección de celos
Por supuesto, no alcanza únicamente con observar el desempeño de los machos. La vigilancia del rodeo permite monitorear la aparición y la distribución de los celos durante la temporada. La práctica de “parar el rodeo” y observarlo detenidamente de manera frecuente aporta información muy valiosa. Dado el momento del año en que ocurre el entore, se recomienda realizar estas observaciones temprano en la mañana o al atardecer, cuando resulta más fácil detectar los comportamientos reproductivos.
Se conocen experiencias de productores que utilizan, incluso como apoyo al monitoreo desde el inicio del entore, etiquetas de detección de celos (“parches”), que brindan información visual sobre la ciclicidad del rodeo y sirven como un insumo adicional para la toma de decisiones.

Una herramienta fundamental para aportar precisión al manejo del entore es el Diagnóstico de Actividad Ovárica (DAO) en vacas. Mediante ecografía, y complementado con la palpación de los ovarios, este diagnóstico permite conocer de forma objetiva la situación reproductiva de las hembras durante el entore. Habitualmente se dice que el DAO es una “fotografía interna” de la vaca, ya que permite saber con precisión qué está ocurriendo en los órganos reproductivos. Al complementar esta información con la “fotografía externa”, que aporta, entre otros aspectos, la condición corporal y su evolución, es posible evaluar la situación del rodeo y determinar si es necesario tomar medidas para lograr un mayor número de preñeces.
El DAO permite, en definitiva, tomar decisiones de manejo a tiempo para revertir la situación de aquellas vacas que aún no han reiniciado su ciclicidad (anestro). Se recomienda realizar este trabajo a mitad del entore, o incluso un poco antes, con el objetivo de favorecer la proporción de preñeces tempranas y, por ende, de pariciones tempranas.
Luego de este diagnóstico, las vacas pueden clasificarse en cuatro grupos: vacas preñadas, vacas ciclando, vacas en anestro superficial y vacas en anestro profundo.
Es importante analizar estos resultados en conjunto con la evolución de la condición corporal, la calidad y disponibilidad del forraje y las condiciones climáticas durante el entore, entre otras variables que puedan interferir en los resultados.
El grupo de vacas ciclando no requiere ningún tratamiento, sino únicamente seguimiento, ya que se encuentra en condiciones de quedar preñado. De la misma forma, el grupo ya diagnosticado como preñado podría, si fuera necesario, retirarse del rodeo para no demandar la atención de los toros y evitar el desgaste innecesario de los reproductores. Los grupos que requieren mayor atención y acciones de manejo son aquellos que se encuentran en anestro superficial y anestro profundo.
En el caso del anestro superficial, correspondiente a vacas próximas a comenzar a ciclar, el destete temporario (uso de tablillas) suele mostrar una buena respuesta, especialmente cuando la condición corporal no es muy limitante (3,5–4).
Para el anestro profundo, en vacas aún alejadas del reinicio de la actividad ovárica, medidas más drásticas como el destete precoz se asocian a una rápida recuperación del estado corporal y al reinicio de la actividad reproductiva. Este grupo suele incluir, en general, vacas de primera cría en su segundo entore, o vacas multíparas con condiciones corporales menores a 3,5. Es importante tener presente que, para realizar un destete precoz, los terneros deben contar con al menos 60–70 días de edad y un peso vivo de 75–80 kg.
Comentarios finales
Todos estos aspectos vinculados al monitoreo del entore constituyen prácticas de alto impacto sobre los resultados de los sistemas de cría. No se debería esperar al final del período, cuando se realizan los diagnósticos de gestación —momento en el que poco puede hacerse— para evaluar el éxito del entore. La clave está en detectar posibles fallas a tiempo y corregirlas sin afectar, o afectando lo menos posible, los resultados esperados.
Es recomendable combinar la observación, el monitoreo y el seguimiento del desempeño de los toros y del rodeo en general. El uso de herramientas como el DAO, con el objetivo de optimizar los indicadores productivos sin necesariamente incrementar los costos del sistema, aporta mayor precisión al monitoreo y al manejo del entore.
Finalmente, resulta fundamental que, junto al asesoramiento técnico, la familia productora pueda analizar cada situación en particular y, de esta forma, ajustar la gestión predial y avanzar hacia los objetivos productivos establecidos.






